¿Quieres ser un buen líder? ¡Olvídate de Mr. Wonderful!

En la época del coaching, el “tú puedes con todo” y Mr. Wonderful, ¿qué esperanza nos puede quedar?

En la generación de la inmediatez, de las frases “motivadoras”, de “¡saca el líder que llevas dentro!” y “los buenos líderes tienen ese algo que hace falta”, ¿qué ilusión podemos tener los entrenadores?

Pues bien, a todos nos pueden venir a la cabeza muchos nombres de entrenadores que han triunfado en unos equipos y fracasado en otros. Otros, que con prácticamente el mismo grupo, han alcanzado un alto rendimiento, para bajarlo de forma sorprendente al año siguiente hasta ser destituidos. Y, otros cuantos que son capaces de mantenerse en un mismo equipo durante largas estancias. Por su puesto, todos ellos con gran capacidad técnico-táctica.

Mourinho, Scariolo, Cholo Simeone, Irene Ferreras, Quique Setién, Maria Pry, Marcelino, Pablo Laso, Lucas Mondelo y otros tantos que podrían encajar en cualquiera de estas situaciones. Pero, ¿por qué en ocasiones consiguen liderar a sus equipos y en otras no tanto?

Comencemos desde el principio. El liderazgo es uno de esos conceptos que han vuelto locos a psicólogos y no tan psicólogos. Desde el siglo pasado han sido muchos los que han destinado sus vidas a su estudio y como casi cualquier fenómeno de la psicología empezó a ser interpretado como un rasgo estable; es decir, tras años de formación, discursos y libros en los que se habla que lo más importante en un entrenador es el liderazgo, te sorprenden con la maravillosa idea de que líder se nace y no puedes hacer nada para cambiarlo.

Posteriormente, por suerte y como sucede generalmente cuando la ciencia se pone al mando, se clasificaron varios tipos de conductas que definían el liderazgo. Llegó así la salvación y los entrenadores podíamos seguir aprendiendo a ser líderes. Estos comportamientos fueron catalogados en los destinados a las relaciones y a la tarea, debiendo buscar un equilibrio entre ambas.

Pero esto no acaba aquí y la cosa no es tan fácil. Aparece en escena el contexto, tan esencial y olvidado en ocasiones. Los factores situacionales y las características de los jugadores son las piezas que siempre cobran sentido al puzle. Y en esta ocasión no iba a ser menos. El estilo de liderazgo más efectivo no es siempre el mismo y la adaptación será eternamente una virtud. Es por eso que algunos entrenadores fracasan en este aspecto.

Por supuesto, la investigación está trabajando en ello y analizando y describiendo las conductas específicas que debe realizar un entrenador según características del contexto. De forma general ya nos dan pistas, afirmando que el liderazgo más efectivo es aquel centrado en los aciertos y en dar instrucciones claras (qué hacer y cómo hacerlo).

Sí, ser un buen líder es adaptarse al lugar al que llegas, es tener en cuenta si es élite o base, si los jugadores son profesionales o amateurs, veteranos o jóvenes, la cultura, situación social, y todos los aspectos que engloben ese contexto. Ser líder no es “echarle huevos” o pedir intensidad a gritos. Ser líder es atender a todos tus jugadores. Ser líder es establecer objetivos de manera eficaz. Ser líder es saber reforzar y castigar. Pero sobre todo, ser líder es encontrar el equilibrio entre tu estilo, los factores situacionales y las características de tus jugadores.

Olvídate de frases como “algunas personas simplemente tienen lo que hace falta” y no te conformes con libros de autoayuda sobre liderar tu vida.

¡Líder no es lo que eres, sino lo que haces!

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