Qué valor

Si hay un día de mis 13.654 en este mundo en el que he sentido orgullo, ése fue el 29 de noviembre de 2019. Hace justo una semana. Ocurrió por lo que ‘Train Your Mind’ fue capaz de ejecutar y, sobre todo, por haber llevado a cabo este ambicioso plan en mi pueblo, Alcázar de San Juan. El evento en cuestión, las «I Olimpiadas de Valores del Deporte en Edad Escolar«, se originaron el día que lo propuso hace meses uno de nuestros profesionales, Darío Domínguez, al que entonces tachamos de loco y al que hoy le hemos agradecido que sea un genio; y se hicieron realidad en el momento en el que un ayuntamiento, que siempre va por delante, nos abrió las puertas de nuevo y nos dio libertad para que la Psicología Deportiva hiciera el resto. Gracias a esta propuesta ya hay una generosa lista de espera.

Nuestra obsesión por contribuir a la mejora del contexto deportivo, como intentamos hacer aquí, es posible gracias a los valientes que comparten con nosotros la inquietud de querer cambiar las cosas. En nuestro día a día nos encontramos con dos clases de directivos de clubes, responsables de federaciones y gestores de mil entidades con capacidad de decisión: aquellos que dicen que hay que lograr que los jugadores(as) y entrenadores(as), sean del deporte que sean, pulan sus conductas dentro y fuera del campo y, sobre todo, que los aficionados que pueblan las gradas estén a la altura de las expectativas; y luego están aquellos otros que lo piensan de la misma manera e inmediatamente después invierten para llevar sus intenciones a la práctica. En Alcázar llevamos año y medio comprobando que hay más hechos que palabras.

Esta vez no era sencillo movilizar a 11 colegios y a casi 400 niños y niñas de 6º de Primaria en una jornada lectiva. Pero cuando hay voluntad (gracias Ángel), llega el entendimiento. Las concejalías de Educación y Deportes nos abrieron las puertas de un pabellón multiusos que es la envidia de toda Castilla-La Mancha, así como dos campos de fútbol 11 que parecen dos alfombras, para que nuestros psicólogos deportivos, apoyados en una veintena de alumnos de TAFAD del instituto Juan Bosco y en otros tantos profesores y profesoras, organizaran una competición matinal que acabó siendo una fiesta.  La receta parecía sencilla: ocho postas donde los diferentes equipos compitieron entre ellos jugando a ocho deportes diferentes con la misión de aprender un valor específico en cada una de las estaciones. El objetivo, mediante reglas, refuerzos y castigos, era bastante más complicado y ambicioso: que afloraran en mitad de los resultados parciales, como así fue, todas aquellas conductas que entendemos como deseables para que a la vez fueran desapareciendo aquellas otras que empañan el deporte y que en definitiva nos hace peores deportistas. La evolución, del primer al último ejercicio, fue lo que nos da fuerzas a seguir transitando con firmeza en este camino.

El final de las Olimpiadas, con la entrega de diplomas y trofeos, fue verdaderamente emocionante, porque todos entendieron que la competitividad puede maridar con la deportividad, el compañerismo, el sacrificio, la cooperación, el respeto, la igualdad y el resto de valores trabajados. También tocó la fibra de los que nos apasionamos con la formación el hecho de que los alumnos y alumnas interiorizaran los objetivos marcados, pidiendo incluso que las segundas Olimpiadas no se hagan esperar demasiado. Pero lo mejor es que todos los presentes, deportistas, monitores y políticos, entendieron que la Psicología Deportiva es mucho más que prevenir y solucionar problemas. Ya somos muchos, y seremos más, los que sabemos y difundimos que la psicología sirve para mejorar del rendimiento. Es salud. Y es divulgación. Y ya saben, cuanto más completa es la formación del individuo mayor es su libertad. Sólo se necesita valor para inculcar y llenar de contenido la palabra “valores”.

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