El VAR y el afrontamiento del arbitraje moderno

En la época del avance tecnológico y del aprovechamiento científico para la mejora de la vida de las personas, aparece el deporte y más concretamente el fútbol, para dejarse llevar por las modernidades del arbitraje monitorizado, con el objetivo de conseguir unos resultados que se ajusten más a los méritos expuestos dentro del terreno de juego y menos a los posibles errores humanos de los jueces que imparten justicia.

Efectivamente hablamos del VAR, una revolución en el mundo del fútbol, capaz de parar jugadas y hacer que el colegiado se acerque a un monitor a ver la acción repetida y decidir con la imagen delante (como ya se hace en otras ligas como la NBA). Lo nunca visto en balompié. Hasta aquí todo correcto, es una bendición, pero nadie se ha parado a analizar los efectos emocionales que puede tener una decisión u otra en una jugada en la que te pitan un penalti a posteriori o te anulan un gol en el último minuto, por milímetros, tras revisarlo. “Las decisiones juegan con el estado de ánimo de los dos equipos. Nosotros hemos intentado controlar nuestro estado de ánimo, hablando durante ese minuto y medio de revisión del VAR, pero no puedo controlar el del rival. Y está claro que les ha dado mucha moral”, dijo Rubí, entrenador del RCD Espanyol tras el partido que acabó remontándole el Alavés hace unas semanas.

Por ello nos gustaría comenzar resaltando las consecuencias psicológicas que conlleva una decisión del VAR en una competición futbolística:

– Motivación. De la controversia que acarrea la revisión de una jugada, florecen sentimientos, deseos y una serie de procesos cognitivos que modifican de alguna manera la forma de ver el objetivo. Quizá cambia el tipo de motivación cuando es intrínseca, alterando el posible “estado de flow”, arrastrado por la transformación de una jugada clave que cambia los esquemas y el camino hacia la consecución de la meta.

– Sentimiento de oportunidad. Relacionado con la motivación y con la manera de ver una acción. Una jugada que el VAR cambia (con justicia, que para eso se está revisando) puede ser vista como una contrariedad, una injusticia o una lástima ante un buen trabajo colectivo; o como una nueva oportunidad para aprovechar que en el acierto rival, hubo una circunstancia que te favoreció esta vez. Es la ocasión de corregir errores sin que te hayan penalizado en el marcador. Lo más importante son los ojos con los que lo veas: faena u oportunidad.

– Frustración. Anotar un gol es difícil, como lo es defender una jugada o acabar el partido con un hombre menos. Se trata de una decisión justa, sí, pero no deja de causar expresiones de ira o disforia, que van a mermar el rendimiento posterior si no se saben controlar mediante herramientas concretas y trabajadas previamente. La aceptación de la divergencia entre lo que queremos que pase y lo que está pasando y es real, es el punto de partida para evitar que la frustración afecte tan intensamente a la productividad del futbolista.

Todo lo que ocurre en un terreno de juego nos afecta directamente, alterando nuestra conducta, por ello debemos de controlar lo que está en el aire y adaptarlo, acercándolo a una afectación conductual positiva, que favorezca el rendimiento o al menos no perjudique.

¿De qué manera podemos controlar estas situaciones para que no afecten negativamente al comportamiento del equipo?

En cierto modo, con la inclusión del video-arbitraje, podemos considerarlo un agente externo más, como puede serlo el público, el estado del césped o las condiciones meteorológicas. Por lo tanto debemos valorarlo y trabajar la manera de afrontar un posible parón de dos minutos en el juego, donde el árbitro esté decidiendo una jugada clave, mediante técnicas concretas.

Comenzando con una gestión emocional, siendo consciente de que debes reaccionar ante las amenazas antes de que invadan tu organismo. Una vez que la amígdala (parte del cerebro que desahoga las emociones de manera instintiva) empieza con el afrontamiento de la situación a modo de lucha-huída, toma el control de las conductas, por ello, hay que ponerle freno de antemano. La utilización de un lenguaje positivo y regulando la activación de manera que no se pierda la concentración del equipo en el momento de la parada inesperada, con mensajes esperanzadores, suele ayudar en este tipo de momentos.

Lo que no podemos controlar -y es algo a lo que se refería Rubí- es el estado de ánimo del rival, que puede cambiar potenciando sus condiciones psicológicas. Todo lo incontrolable es conveniente integrarlo como una circunstancia más del encuentro, sin buscar conjeturas de “qué habría pasado si no hubiera ocurrido algo así”; “Esto ha ocurrido, superémoslo juntos”.

También debemos tener en cuenta que la atención de los futbolistas está en una situación de baja elaboración, por lo que difícilmente calará en ellos un mensaje profundo y lleno de matices. Tendrá más incidencia un lenguaje concreto, directo y con indicaciones puntuales. El partido continúa y los análisis deben hacerse en un ambiente más relajado y con los jugadores en proceso de alta elaboración.

Poco sabemos sobre cómo está afectando el VAR, ya que en España es algo de nueva adquisición, pero mirando al resto de ligas que sí lo han incorporado en temporadas anteriores y con la referencia mundialista, no es un disparate empezar a incluir (si es que no se hace ya) un entrenamiento mental también adaptado a las andanzas de un mecanismo tan moderno como justo y necesario, que puede marcar partidos desde la faceta que no se puede ver, la silenciosa que provoca goles, ascensos o campeonatos, la circunstancia que siendo incontrolable cada vez puede llegar a controlarse más: la psicología y su entrenamiento específico.

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