El minuto 97 y su gestión emocional

El balón sale hacia la banda y restan unos 30 segundos para que se cumpla el séptimo y último de los minutos de descuento, añadidos para finalizar el partido de vuelta de la fase de ascenso a Segunda División. Falta un gol para lograrlo, falta que pase el cronómetro para lo mismo en el bando contrario. Los locales se agarran a un saque de banda que suele ser despejado y los visitantes no quieren que se escape lo que en 40 partidos han estado peleando y rozan con la yema de los dedos.

Y así fue la última jugada en la eliminatoria que disputaron Rayo Majadahonda y Cartagena, un batiburrillo de pensamientos, temores, miedos al fracaso, ambición, ansiedad o exceso de responsabilidad. El desenlace fue en forma de gol, en propia puerta, dando un ascenso único a los majariegos que no esperaban y sumiendo en un vacío al Efesé y a sus centenares de aficionados desplazados hasta allí.

Fuente: Sportcartagena

¿Cómo se pueden gestionar esos momentos de responsabilidad en un terreno de juego? ¿Cómo podemos manejar los pensamientos? ¿De qué manera aumentamos la capacidad de éxito en jugadas de ese tipo?

Son preguntas que si supiéramos contestar a ciencia cierta, tendríamos la pócima mágica de los ascensos, pero sí podemos reducir la incertidumbre mediante gestión competitiva:

  • Identificación del pensamiento: ser conscientes de la debilidad es clave para poder utilizar herramientas que nos permitan afrontar la situación con seguridad. Saber qué pensamiento es nocivo, para cambiarlo más adelante.
  • Reducción de la responsabilidad: tu responsabilidad es la que es, ni más ni menos, no te atribuyas todo el mérito ni la culpa de algo que puede suceder. Ocúpate de tu labor en la jugada en cuestión, tus compañeros harán lo suyo.
  • Cambio de pensamiento: las posibilidades aumentan si crees firmemente que va a salir bien. En caso contrario, agárrate a rutinas, ejercicios sencillos de mantenimiento de atención o anclajes que te hagan ser consciente de tu momento y permitan resetear lo que no conviene. Tras identificar un mal pensamiento, hay que hacer uso de esto.
  • Controla tu nivel de activación: es probable que en momentos de tanta responsabilidad y tan importantes para una competición, no te encuentres en el nivel óptimo. Activa o relaja hasta el punto en el que creas que vas a dar tu máximo. Para ello debes conocerte y haberlo entrenado previamente.

Lógicamente no podemos controlarlo todo y las fases de ascenso a Segunda División son tan dramáticas emocionalmente como el desenlace de La vida es bella, por ello debemos dar la importancia que merece al entrenamiento mental. En Segunda División B compiten 80 equipos y ascienden 4, sobran las explicaciones.

Todos recordamos la final de Champions League en que el Manchester United remontó en el descuento al Bayern, en el Camp Nou y las imágenes desoladoras de los alemanes en el césped. ¿Cómo levantamos a un equipo que ha perdido su ascenso en el minuto 97? La pregunta ya es cruel. Recuperar a un deportista de una tragedia en el séptimo minuto de descuento es misión -no diré imposible- difícil cuanto menos, si además el gol ha sido en propia puerta, el trabajo va a tender a infinito. El Cartagena a diferencia del Bayern sí tenía opciones de ascender más adelante, al jugar una repesca, por lo que la recuperación anímica debía ser prácticamente inmediata.

Manchester United vs Bayern Munich. Final UEFA Champions League 1999.

 

Consideraríamos este caso como una pérdida, un hueco que hay que rellenar o un duelo en este caso deportivo. El shock es dantesco por lo que podría ser conveniente comenzar con una sesión de catarsis emocional: el día en que todo estalla, en el que ocurre algo que no se puede obviar y nos libramos del autocontrol que coarta la manifestación de sentimientos subyacentes. Sacar fuera la “basura” para tener facilidad de recogerla, análisis de lo ocurrido poniendo encima de la mesa las soluciones para las situaciones que han impedido la consecución del objetivo (sin olvidarnos de resaltar todo lo bueno que nos ha hecho llegar hasta ahí) a partir de ahí, establecimiento de objetivos individuales, pero sobre todo colectivos y fortalecer los lazos mediante la decepción común, aprovechándola para aumentar la cohesión grupal.

Nadie tiene la solución ante una situación de pérdida de un objetivo que se tiene tan cerca y sobre todo es tan difícil de lograr. La sensación de decepción no se la quitará nadie a los futbolistas del Cartagena, pero seguirán con sus carreras, volverán a jugarse ascensos y nuestra capacidad de aprendizaje se pondrá a prueba cuando el balón vuelva a salir por la banda en el terrible minuto 97.

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