«El Búfalo» vuelve a la cima

El reloj del marcador del Palau Blaugrana queda inmóvil. Todo ha terminado y la Liga Nacional de Fútbol Sala abre un hueco para el Barça Lassa, que entre tanto reinado de Movistar Inter, vuelve a sentarse en el trono, tras una final llevada al límite de partidos, estremecedora y turbulenta, pero vibrante como sólo este deporte concibe sus competiciones. Entre festejos, guirnaldas, confetis y alguna botella de cava catalán descorchada para la ocasión, los focos apuntaban directamente a un jugador, que de forma indiscutible es el buque insignia de este equipo campeón y que ha pasado un calvario, peleando con el enemigo público de todo deportista: las lesiones.

Las dudas de Sergio Lozano sobre su capacidad de volver a ser él, quedaron disipadas de manera fulgurante cuando se le vio armar una contra inmensa, acompañada de pisada para orientar el Kelme a su diestra – ya nada maltrecha- y mandarlo violentamente a la red, tras besar el poste defendido por Fede. Era el 2-0 y quedaba otro derechazo para cerrar una Liga, que empezó a ganar cuando en el Mundial de Colombia, batallaba un balón en el ala derecho de la pista, frente a Kazajistán. Su rodilla dijo basta y comenzó su vía crucis.

Era el año 2016 y Lozano se iba a perder los Cuartos de Final frente a Rusia y 6 meses más de competición. 207 días en silencio, en los que su rodilla se fortalecía a la vez que su preparación psicológica brillaba. El afrontamiento de su lesión se basó en varios puntos, que facilitaron su vuelta a la cancha, haciendo creer que “El Búfalo”, sólo había estado de vacaciones.

La primera reacción del alcalaíno, fue de negación: “¿Por qué yo otra vez?” le decía a su médico, incrédulo ante tal crueldad. El trabajo de los primeros momentos de su recuperación reside en la importancia de una reestructuración cognitiva, que permita enfocar de manera útil los pensamientos generados hacia un objetivo. Volver a jugar en el Palau, esa era la culminación y por ello se desvivía, mediante metas diarias, determinando el estar cada vez más cerca de la cancha blaugrana, como aliciente que impulsara a llevar a cabo este establecimiento de objetivos de manera satisfactoria. “Lo peor de una lesión es que dices: ¿Volveré a ser yo?”, decía Sergio Lozano, entre lágrimas, evidenciando que para progresar en una lesión, la variable más importante es la gestión del estrés, como respuesta adaptativa para sobreponerse a este tipo de circunstancias. A mayor estrés, peor recuperación, tal como nos muestra la evidencia científica reciente.

“Lo peor de una lesión es que dices: ¿Volveré a ser yo?”

No podemos olvidar que una lesión duele y de manera implacable, pone a prueba la resistencia del deportista a dejarlo todo y no seguir luchando. Las dudas de si volverás a ser el mismo, se acrecientan conforme se intensifica el dolor y pone a flor de piel el riesgo de si merecerá la pena. El apoyo de familiares y amigos fue importante para el astro complutense, pero la presencia de su compañero Batería (también en rehabilitación), multiplicó la adherencia al tratamiento de ambos, imprescindible para salir del agujero. “Yo le he dedicado muchísimas horas, he entrenado más que cuando he estado jugando y he estado bien. No te puedes imaginar la de veces que hemos doblado (turno), todos los días, sin parar, sin descanso”, comentaba Sergio Lozano, escasas horas antes de volver al ruedo, en un exquisito documental que preparó el Barça Lassa.

Aprovechar el período de inactividad para detener el ritmo frenético de la competición de élite, también puede servir como método de aprendizaje, con un procedimiento activo de entrenamiento personal y seguimiento de la dinámica de mis compañeros. El fútbol sala y Lozano se echaban de menos de manera recíproca. Sigue siendo ese jugador que se hizo mayor en Boadilla-Las Rozas, que Luis Fonseca llevó a Cartagena para propulsarle a Barcelona, previo paso en forma de cesión hacia su primera final de LNFS, en uno de los últimos bailes de Caja Segovia en el fútbol sala nacional.

Volvió a ese chirrido de la suela en contacto con el parqué, al cambio de ritmo que deja rivales atrás, al brazalete que aprieta la manga difundiendo responsabilidad. A la pisada. Sergio Lozano no sólo volvió al Palau como se propuso, sino que ahora ha vuelto a ser campeón, confirmando que “El Búfalo” nunca se fue.

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