Decide y vencerás

Cambiar de trabajo, mudarse de ciudad, casarse, comprarse una moto, irse de viaje, acostarse temprano, sacar al perro… A lo largo de nuestra vida tomamos una infinidad de decisiones a las que le asignamos una importancia relativa y que resolvemos con diferentes estrategias.

Cuando nos encontramos frente a una elección, analizamos las opciones y tomamos una decisión. La herramienta más habitual, es realizar un análisis de “pros y contras” y  ponderarlos en función de la importancia que le asignemos a cada uno. Aun así, este proceso de toma de decisiones,  no siempre nos resulta sencillo debido principalmente a 3 dificultades fundamentales:

  1. Uno de los principales problemas que nos encontramos es que solemos realizar preguntas binarias, con dos únicas opciones  (Heath y Heath, 2014). Por ejemplo, una cuestión muy habitual para un estudiante es preguntarse si sale de fiesta con sus amigos o se queda en casa estudiando para el examen, pero ¿acaso no hay más opciones? En la mayoría de las ocasiones las opciones son más amplias, por ejemplo, estudiar antes y salir después con los amigos, volver antes y levantarse pronto el día siguiente, organizarse durante la semana, etc.
  2. Otro fenómeno con una clara influencia en nuestras decisiones es el “sesgo de confirmación”. Como bien nos cuenta nuestro colega Ramón Nogueras en el recomendable programa de Canal Extremadura “Las perras de Pavlov”, tendemos a elegir una opción y después buscar una justificación o racionalización de la decisión tomada (de la misma). En muchas ocasiones sesgamos nuestro propio sistema de “Pros y contras” para tomar la decisión que realmente queremos, pero quizás no tanto la que nos convenga (o la más adecuada). Por ello, para evitar este posible sesgo es muy útil, en la medida de lo posible, alejarse de la elección e intentar razonar la decisión como un tercero, ajeno al problema y a la emoción. Este rol de “abogado del diablo” suele ser muy útil para evitar el posible sesgo de confirmación y tomar decisiones en grupos de trabajo.
  3. Por último, cabe destacar el término “aversión a la perdida” empleado por David Kahneman en su libro “Pensar rápido, pensar despacio”.  Este término hace referencia al miedo generalizado que nos produce, por ejemplo, dejar un trabajo o una relación de pareja por miedo a no encontrar nada mejor. Este fenómeno se debe a que la perspectiva de perder algo suele ser más potente que la de ganarlo.

Ya hemos visto algunas de las principales dificultades a las que nos enfrentamos día a día a la hora de tomar decisiones, pero ¿y en el deporte? ¿Cuáles son los principales factores de los que depende mi toma de decisiones?

  • CONCENTRACIÓN

Durante la actividad deportiva, intervienen un gran número de estímulos o distractores que el deportista ha de aprender a discriminar para mantener el foco atencional en las tareas y objetivos marcados. Par ello, es fundamental el entrenamiento atencional,  la realización de establecimiento de objetivos y rutinas que centren la tarea, y el entrenamiento de parada de pensamiento y autoinstrucciones para, en caso de una posible distracción,  redirigir el foco atencional.

  • ACTIVACIÓN

Una de las principales causas de la desacertada toma de decisiones en el deporte, es el exceso de activación. Cada deporte y cada deportista tienen un nivel óptimo de activación (NOA) que le permite estar en las mejores condiciones para un mayor rendimiento. Cuando nuestras pulsaciones se disparan en exceso, o por el contrario se ralentizan,  nuestra capacidad para tomar la decisión adecuada disminuye. Por ejemplo, en baloncesto a la hora de filtrar un balón al jugador bajo el poste o en el futbol cuando te dispones a tirar un libre directo en la frontal.

  • CARGA/FATIGA

El tercer factor más importante a la hora de tomar una decisión, es el nivel de carga o fatiga física y psicológica que presente el deportista en cuestión. Si nos encontramos en el 12º juego del  5º set de un partido de tenis, nuestro nivel de fatiga y, por ende, nuestra capacidad de concentración, disminuirá respecto al inicio del partido. Por ello, es muy importante entrenar dichas situaciones para poder afrontarlas con la mayor garantía posible. En este punto entran en juego otros factores como la táctica o la estrategia,  y quizás la mejor opción no sea lanzar un paralelo ganador en carrera, sino mantener la bola profunda y cruzada.

Por último, a modo de conclusión, cabe destacar:

  1. que las decisiones son comportamientos, y como tales, están regidas por nuestra historia de aprendizaje. Nuestros comportamientos están determinados por:
  2. estímulos previos, es decir, si el balón dominado por el equipo contrario cambia de banda yo sé que tengo que bascular y
  3. por las consecuencias que tendrán las decisiones según nuestro aprendizaje, o sea sé, si no basculo sé que mi entrenador me lo recriminará a posteriori.

De  tal forma, si queremos aprender a tomar una decisión en una situación determinada, deberemos asociar un estímulo (cambio de orientación) a una respuesta (bascular) (AAC).

  • La mejor forma de entrenar  la toma de decisiones, es tomar decisiones constantemente relacionando el estímulo con la respuesta adecuada. DECIDE Y VENCERÁS! #entrenatumente

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