Cohesión, rendimiento y Waterpolo

Los equipos revelación de una temporada o de un torneo suelen copar las portadas de los medios de comunicación deportivos de nuestro país, causando sorpresa, admiración y respaldo en una gran cantidad de aficionados y espectadores. Son equipos de los que no se espera tanto rendimiento como el que ofrecen y por eso, son seguidos con perplejidad cuando doblegan a conjuntos que a priori tienen más potencial y palmarés. 

Una de las circunstancias esenciales para conseguir un rendimiento óptimo de un grupo, es la cohesión de sus miembros. En cualquier ámbito de la vida un grupo unido va a propiciar un aumento de productividad en su desempeño cuando está orientada esta cohesión a la tarea. En este caso, los deportistas cooperan juntos para lograr el mismo objetivo final. Cuando existe esa simbiosis entre los integrantes de un equipo, se puede denotar un incremento en ciertas variables que van a aportar su granito de arena para buscar esa máxima rentabilidad:

  • Comunicación: saber comunicar de manera eficaz es clave para un mejor rendimiento grupal. Esta orientación de la cohesión a la tarea va a propulsar una comunicación más efectiva que acerque posturas entre los miembros posibilitando así un rendimiento que se encuentre más cerca del ideal.
  • Optimismo: pensamiento positivo, creencia en las propias capacidades del deportista y en las capacidades del grupo. Numerosos estudios respaldan la relación entre el optimismo y el éxito tanto individual como colectivo.
  • Sentimiento de protección: un equipo debidamente cohesionado va a percibirse seguro estando cerca de sus compañeros, reduciendo esas sensaciones de desamparo e incertidumbre y cerciorándose de que en los momentos de dificultad se van a encontrar debidamente respaldados. 
  • Autoeficiacia: el deportista aprecia que sus capacidades encajan con las de sus compañeros, se siente útil y capaz. La eficacia percibida por el equipo, se extrapola a la percibida por el propio deportista, que dependerá además de la relación y opinión que intuya de su entrenador sobre sus capacidades.
  • Identidad grupal: pelear por un motivo, por unos compañeros, por un objetivo propio, grupal y común. No es amor a unos colores, es sentirte partícipe de un proyecto conformado por un grupo de personas, que trabajan como tú y por lo mismo que tú. Aumenta el compromiso propio.

Todo ello, acompañado de un sentimiento de pertenencia al propio conjunto, cambiando los objetivos individuales por los grupales, el “yo” por el “nosotros”, mi interés por el interés de todos. Este sentimiento de pertenencia potencia la identidad del grupo, pudiendo cohesionarlo no sólo en cuanto a la tarea, sino también orientado a lo social: creando vínculos de aceptación entre unos y otros.

 

El equipo de waterpolo español que comandaba Manel Estiarte, es un ejemplo digno de mención en este caso de cohesión grupal, una selección española plagada de catalanes a la que se incorporaron varios waterpolistas madrileños, que aportaron una nueva manera de afrontar la competición. Estos dos grupos (catalanes y madrileños) tenían diferentes potencialidades, destacando unos por el trabajo metódico y otros por la seguridad en sí mismos, la arrogancia y el desparpajo, según cuentan abiertamente sus integrantes. El éxito de este conjunto de deportistas estaba basado en la implementación de las capacidades de todos, en la unión grupal, en compartir mismos objetivos y en comprender que el sueño propio depende del sueño de tu compañero. “Si tú tienes un problema, tus compañeros van estar contigo. Eso te empuja, te da fuerza”, declaraba Miki Oca, actual entrenador de la selección femenina de waterpolo e integrante de aquella selección tan laureada, en un claro de ejemplo de sentimiento de protección.

La Selección Nacional de waterpolo masculino, consiguió medalla de plata en Barcelona 92´ y el oro en Atlanta 96´, siendo las únicas medallas olímpicas cosechadas por España en esta disciplina, no sé si es justo o no catalogarlos de deportistas revelación, pero sí podemos afirmar que a día de hoy se sigue recordando a aquella generación con una admiración colosal, pioneros de un deporte que no está ligado a la fama de otros, siendo precursores de la integración de nuevos métodos competitivos y de que “la unión del rebaño consigue que el lobo se acueste con hambre” (frase que Anquela, entrenador del Alcorcón colocó en el vestuario el día que su equipo venció 4-0 al Real Madrid).

 

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