Calentemos, que vamos a salir

Incluso en estos tiempos en los que las calles parecen sacadas de una película de terror más que de la cruda realidad, que ya no suena “chof” dentro del aro, ni el caucho desborda tu bota o has olvidado a qué huele el réflex. Incluso aquí hay un espacio para levantar el semblante y llenar de esperanza las horas eternas que discurren entre cuatro paredes. Realmente a día de hoy sólo nos queda estar preparados para cuando la vida (que nos ha frenado en seco como a Carlos Sainz su Toyota Corolla WRC en el 98’) nos llame a salir al ruedo otra vez y sin calentar.

Para estar listos debemos trabajar a diario. Quedarnos en casa puede no ser el mejor escenario para que un deportista prepare sus futuras competiciones, sobre todo porque no todos somos Sergio Ramos y tenemos un gimnasio en un cuartillo, pero adaptarnos a lo que viene es necesario para estar al cien por cien cuando nos toque pisar de nuevo el terreno de juego. Las condiciones no son las mejores, pero no siempre lo han sido. Existen lesiones, días de lluvia, de nieve, de frío extremo y de calor sofocante, que nos alejan de un entorno idílico en el que poder entrenar para la prueba. Ahora estamos en casa y vamos a ver de qué manera un deportista puede sacar partido a su entrenamiento.

Messi entrenando en casa (imagen: clarin.com)

Tras sufrir esta ruptura de nuestra rutina, debemos construir una nueva que esté adaptada a esta situación. Estos hábitos nos van a mantener constantes en cuanto a horarios y comprometidos con una serie de tareas centradas en la consecución de objetivos. Ponernos metas siempre será beneficioso para comprobar que seguimos la dirección correcta, ver cumplidos los retos que nos vamos estableciendo e impulsar la motivación necesaria para levantarnos del sofá y coger las pesas. Es una faena no tener una fecha de vuelta fijada, sobre la que organizarnos y llegar al máximo a la cita, pero tampoco sabía Casillas que César se iba a lesionar en Glasgow en 2002, ni que a Cañizares le alejaría del Mundial de Corea y Japón un frasco de colonia. Por eso, como Iker en su día, debemos estar preparados.

Esta etapa a resguardo nos puede ayudar a coger distancia con el ritmo frenético de la competición, tomar un respiro y ver la situación con perspectiva. Si estamos en deporte de equipo es momento de estar lejos, pero unidos mediante las tecnologías, aprovechando la circunstancia de incomodidad común para fortalecer el sentimiento de pertenencia, que tan buenos resultados nos da. Además si queremos una técnica centrada en la vuelta a la cancha y basada en evidencia científica, podemos dedicar una parte del día a perfeccionar la visualización o la práctica imaginada: poniendo a trabajar a nuestro cerebro en situación de partido, potenciando nuestros puntos fuertes y minimizando lo que nos debilita; anticipando la situación estresante del juego, para así reducir la incertidumbre y darnos seguridad mediante la sensación de control generada. Asimismo es una manera eficaz de no desconectar mentalmente de nuestra tarea en períodos largos de sequía deportiva.

Desinfección en un pabellón deportivo (imagen: El Independiente)

Es tiempo de echar el candado a las pistas, para dar ese paso atrás que nos permita darlos agigantados hacia delante. Tiempo de reflexión, de trabajo con la bata de felpa y de acondicionar el pasillo con una red de bádminton. Esto no va a durar para siempre, así que aprovechemos ahora para cerrar los ojos, practicar y soñar que jugamos. Cuando los volvamos a abrir, el terror se habrá convertido en acción y tendremos a la entrenadora en el cogote exigiendo que, sin apenas calentar, salgamos a la cancha.

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