¡Luces, cámara y acción!

Escribo este post emocionada y asustada al mismo tiempo, a dos días de poder salir a la calle, a instantes de recuperar la libertad. Bueno, eso a lo que podemos llamar libertad después de casi dos meses confinados. Sin contacto, sin amigos, sin abrazos, y por el camino muchas despedidas (demasiadas). Camiseta, mallas, zapatillas y móvil en mano. Llenar los pulmones y respirar hondo. Donde se agotaban cintas de correr ahora lo hacen las zapatillas de última generación. Algunos seremos como ese jugador a punto de retirarse, dejando sus últimos alientos de calidad, arrastrándose para poder llegar al vestuario en el descanso y metiéndose en hielo para poder levantarse al día siguiente. Si Pau Gasol ha podido, ¡yo también!

Ahora toca la vuelta a la competición. Más ganas que preparación y más insistencia que calidad. Como bien saben los psicólogos desde hace mucho tiempo la privación de conductas reforzantes, como en el caso de este confinamiento, aumenta la motivación por realizarlas y encontrar esos reforzadores lo antes posible. Jugadores queriendo disputar partidos enteros, completar con éxito cada regate y entrenar lo máximo posible. Meses sin hacerlo y quizá las sensaciones no van a ser las que muchos esperan.

Y no solo eso, estímulos competitivos a los que estábamos habituados tanto entrenadores como deportistas y red de apoyo han desaparecido y, para algunos, lo harán durante varios meses. Esos momentos de abrir la puerta y salir a correr, de ponernos las botas y pisar el césped o de entrar a un estadio con miles de visitantes aparece de nuevo. Y, quién sabe, quizá con la subida de activación que ya teníamos controlada.

Fernando Torres en su presentación con el Atlético de Madrid en su vuelta al club (goal.com)

Mucho tendría que decir mi compañero Alfredo con su libro ‘Por si Acaso’ bajo el brazo. Aceleración de la respiración, sube la tasa cardíaca y casi con el mismo temblor en las piernas que el mismísimo Juanfran en ese penalti estrellado al palo en 2016. Como si fuese el primer día. Ese con 15 años cuando mi entrenador me informó en el paseo rutinario en el hotel de concentración que debutaría en Segunda como central titular contra el mismísimo Villarreal. Él tenía casi más dudas que yo y, seguramente, por eso quiso palpar sensaciones. Fingí bien, o eso creo porque debuté. Esa activación se multiplicó en la salida al campo, ese amarillo submarino impresionaba. Victoria 4-5 que no habla demasiado bien de mi rendimiento como central. Más insistencia que calidad.

Y volvió. Mi primer intento de retirada hace ya dos temporadas acabó en fracaso cuando el año pasado volví a jugar durante los últimos dos meses en la misma categoría. Más ganas que preparación, pero allí estaba. Con pocos entrenamientos completados a un nivel aceptable fui titular. De nuevo, subida de activación muy por encima de mis valores óptimos, pero esta vez fue diferente. Gracias al trabajo que realicé con Sabina, psicóloga deportiva de uno de los equipos por los que estuve dando tumbos, mis propios conocimientos como tal y la experiencia que llevaba a cuestas conseguí gestionarlo. Grandes minutos y titular al siguiente partido. Pero, de nuevo, más ímpetu que calidad.

Esto es a lo que nos enfrentamos ahora. Una nueva primera vez con la que muchos fantaseamos, pero a la que también tememos. Estímulos que quizá vuelvan a subir esa activación en quién se ha permitido el lujo de no entrenar psicológicamente de la mano de la visualización. Más ganas que preparación y más insistencia que calidad.

Como dijo mi compañero Pablo hace ya más de un mes, calentemos, que vamos a salir.

 

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