El valor de los valores

Train Your Mind, TYM para los amigos, cumple hoy un año de vida oficial al que hay que sumar varios meses más de gestación que fueron claves para apuntalar sueños, fichar talento y consolidar un método innovador. Desde que el 26 de junio de 2018 los siete profesionales que formamos este centro de Psicología Deportiva debutamos en Buitrago del Lozoya de la mano de la Federación Madrileña, el proyecto no ha dejado de crecer y diversificarse. TYM ya previene problemas, los soluciona cuando aparecen, forma y colabora para la mejora del rendimiento deportivo, siempre salvaguardando la salud, en diferentes deportes y rincones. Y lo que se avecina. Estamos en numerosos equipos de la capital, nos verán en institutos privados que son referencia en Andalucía, pueden contar con nosotros en federaciones nacionales de prestigio, en ayuntamientos y escuelas de Castilla-La Mancha, nos dejamos ver en varias clínicas de aquí y allá y soñamos en clubes de élite, como el Espanyol Esports, que nos acogió en Cataluña y que viene de reinar en el Gamergy 2019 de Madrid.

Justo ayer me preguntaron de qué estaba, personalmente, más orgulloso en todo este proceso en el que tengo el privilegio de participar. Y pese a que la lista es infinita, la respuesta fue rápida y la verbalicé sin ninguna duda: los valores. Sin querer ser ni parecer presuntuoso, me refiero a los que proyecta TYM y los que trabaja allá donde va como uno de los pilares de cada proyecto en el que suma. Nuestra obsesión es que los valores dejen de ser palabras vacías en boca de todos, las de aquellos que los respetan y riegan a diario y las de esos otros que los regatean dolorosamente y sin disimulo. La misión es entenderlos como lo que realmente son, conductas, con la firme intención de dejar de decir lo que hay que hacer en cada momento (“seamos compañeros”, “hay que respetar al árbitro”…) para explicar de una vez lo verdaderamente importante: cómo hacerlo. La infinidad de instituciones que han contado con nosotros para participar en sus próximos Campus saben bien de lo que hablo.

En nuestra labor diaria con numerosos entrenadores, en fase formativa o en alto rendimiento, en el barrio más modesto o el banquillo más experto, solemos encontrarnos con un denominador común que conviene ir maquillando: hay voluntad por trabajar los valores sin saber muy bien cómo, con quién y cuándo. La mayoría lo hacen por convicción, porque sus superiores así se lo exigen y, cómo no, porque es la única manera para que los deportistas a los que tutelan con una enorme responsabilidad sean antes que nada ejemplares ciudadanos. El problema es que, habitualmente, no saben cómo ir más allá de la palabra a la hora de inocularlos. Y aquí, la Psicología Deportiva tiene una estupenda oportunidad de salir a su rescate, para que mediante talleres formativos, dinámicas adaptadas a cada especialidad y práctica por encima de tanta teoría, se den dos máximas que siempre deben estar presentes: fomentar que aparezcan con más asiduidad las conductas deseables y contribuir a erradicar, disminuir o reconducir aquellas que no lo son tanto. Tenemos herramientas de sobra y, lo más reconfortante, la ciencia está de nuestro lado.

Además de mi formación en Psicología Deportiva, y tras una larga experiencia como futbolista que aún no he enterrado, mi vida la domina el Periodismo. Y gracias a él veo cada día, en multitud de campos y con otro prisma complementario, cuál es el nivel de los valores de nuestro deporte. O más bien cuál es la calidad e intensidad de las conductas que los representan. Hay quienes sostienen que todo es un desastre, que sobre todo el fútbol es un reflejo claro de lo peor de nuestra sociedad, que las gradas son un asco y que esto ya no es lo que era. Como aficionado, no creo que sea así. Respeto y no debato. Como reportero, cuando nos asalta un incidente no deseado, me gusta levantar el teléfono y preguntar para testar con el objetivo de saber qué es lo que realmente ha pasado. Y ahí, es cuando entronco con la Psicología Deportiva y confirmo la importancia que tiene en nuestras vidas y lo agradecido que estoy por poder echar un cable para poder cambiar algo. Diferencio claramente a aquellos ayuntamientos, federaciones, clubes, directivos y técnicos que justifican todo en sus respuestas o que saben que existe un problema pero no ponen remedio y, por otro lado, a los que además de hacerse responsables de lo sucedido deciden remangarse con el ansia de solucionarlo. Los primeros consideran que con los valores se nace o que un día aparecerán por arte de magia. Por el simple hecho de nombrarlos. Mientras, los segundos saben que nada es casual y que todo cambio se consigue, poco a poco y pese a las recaídas, con trabajo. Ellos, como TYM, saben bien el valor que tienen los valores. Por eso nos encanta estar a su lado.

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